La risa


Lo envía una coterránea: Si somos la única especie con capacidad de reír,
¿por qué no sacamos más provecho de la risa, presente en el rostro desde los
cuatro meses de vida?

Aristóteles sostenía que el bebé no es persona hasta que ríe. Hasta que eso
no ocurre, el recién nacido es un ser no muy distinto a cualquier otro
cachorro mamífero.

A medida que las habilidades humanas se perfeccionan, la capacidad de reír
disminuye. Irónico, ¿no? Se sabe que mientras un niño de seis años ríe unas
400 veces al día, el más jocoso adulto lo hace solo unas cien veces. La
mayoría de las personas apenas ríe unas 15 veces por día.

Un consejo chino recomienda para estar sanos reír no menos de 30 veces por
día. Algunos expertos occidentales exhortan a reír un minuto tres veces al
día.

Durante una carcajada se contraen alrededor de 400 músculos y se queman
calorías. Cinco minutos de risa equivalen a 45 de ejercicio aeróbico.

Cuando una persona ríe mejora la respiración y la oxigenación sanguínea
aumenta. Como es imposible pensar y reír al mismo tiempo, la risa es un
excelente antídoto contra la obsesión y los pensamientos negativos.

El sistema inmunológico se potencia, mejora la digestión, disminuye el
estrés y se segregan hormonas que estimulan la actividad cardiaca. Quienes
ríen poco o tienen poco sentido del humor son propensos a contraer
enfermedades graves, como el cáncer o ataques cardiacos.

La risa es buen analgésico, de umbral bajo, pero efectivo. Al reír liberamos
endorfinas —sustancias que contribuyen a aliviar el dolor—, ya los antiguos
recurrían al llamado “gas de la risa” como anestésico.

En la Biblia se lee: “Un corazón lleno de alegría es una buena medicina,
pero un espíritu deprimido seca los huesos” (libro de los Proverbios).

El poder curativo de la risa es conocido. Muchos payasos forman parte del
equipo terapéutico en varios hospitales. Lamentablemente, a pesar de que la
risa es fuente de salud, a veces cuesta reír. Hay quien dice que aprender a
reírse de uno mismo es una de las bases de la salud.

Reírse aporta mucho más que una buena dosis de salud: nos permite ver las
cosas desde otro punto de vista, tocar al otro sin hacerlo…

La risa —según Freud—, es el camino más corto entre dos personas, una forma
de tocarse espiritualmente. Pero también es la mejor vacuna contra la
soberbia, la opresión y la intolerancia. Los terroristas tienen una cosa en
común: carecen de sentido del humor.

Si el humano no aprende a reírse de sí mismo, se ahoga en la soledad
abrumadora del dogmatismo y recurre a la larga a la violencia como sustituto
del humor y la ternura.

Cuando brota la risa, la rigidez afloja, el enojo desaparece y un espíritu
soleado ocupa ese lugar. Cuando es poderosa alegra e ilumina el espíritu, y
los sombríos rincones de otros corazones.

La vida es demasiado importante para tomársela en serio. Oscar Wilde

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